El ladrón,
cuchillo en mano,
gritó:
- ¡amor o vida! –
Y, sin pensarlo,
ella susurró:
- amor,
amor,
amor… –

Mis ojos enfocaban y desenfocaban, como la “Réflex” que siempre quise tener y nadie me regaló. Intentaba centrar mi vista en el conjunto de su rostro, pero… su silueta se difuminaba y sólo podía adivinar con definición lo que había detrás: una ventana enorme, varias sillas debajo y una tarima sosteniéndolas.
Escucharlo hablar me conmueve, con poca gente me pasa; hace que me calme, que quiera que las noches no se acaben, que sean eternas o, al menos, que terminen cuando los ojos se cierren y el ron no exista.
- Anoche me quedé con ganas de más. –
Supongo que nadie es capaz de sonreírme tantas veces por minuto. Es incontenible, yo tampoco puedo evitarlo…
- ¿de dónde vendrán estás risas cómplices? - … me gustan…
Me dice que no hay más, que es lo que tengo, que la paz es mía y que la comparta.
- ¿Por qué ve tanto, donde hay poco o casi nada? - … él me gusta …
Y, ahora, que estoy agotada de mí; le encuentro, esperándome. Sé que pasó por algo, sucedió… y yo casi no me doy cuenta. Es lo que pasa cuando tienes una mirada que enfoca y desenfoca como si en vez de retina, poseyese un diafragma y una lente óptica… Artificial cuando soy artificial, como todos los seres humanos - ¡qué asco! –
Pero él es distinto. Le escucho al desenfocar. Tengo que desenfocar para escucharlo. Me bebo sus palabras a la par que el ron y cuando quiero darme cuenta, ya no tengo nada en el vaso y él… tiene que irse.
(PA TI, SI PA TI... ¡Que eres un dulcecico! jajajaja)
“Comienza un camino,
el que me llevas de distancia,
el que no se atreve a ir recto.
Invadido de caminantes, resaltos, curvas, agujeros en el asfalto.
Arrancar con la ilusión de que las intersecciones
no nos corten el paso de la creación,
que los setos de las medianas soporten el viento
que ladea este abecedario desordenado,
de llegar aunque sea con retraso.
Placentero.
Retraso.
Porque en algún punto kilométrico nos encontraremos,
lo sabes,
en ideas,
lo sé,
caminando”.
(Jtown)
“Comienza un camino,
el que te llevo de distancia,
el que se atreve a ir recto.
Invadido de caminantes, resaltos, curvas, agujeros en el asfalto.
Arrancar con la ilusión
(a veces desgastada)
de que las intersecciones no nos corten el paso,
que los setos de las medianas soporten el viento
que ladea este abecedario desordenado,
de llegar… aunque sea con retraso.
Necesario.
Retraso.
Porque en algún punto kilométrico nos encontraremos;
lo sabes,
en ideas;
lo sé,
caminando;
lo sabemos…
Por qué hacer de las palabras algo más que no sea sólo poesía,
por qué cambiar el carril…
no entiendo casi ninguna señal de esta carretera nueva,
pero …
¿es el único camino?”
(Mariapahn)