(Paul Klee)
El abandono,
del que eres adicto,
te hace daño.
Las letanías que te abrazan por las noches
no son tuyas
¡tíralas al mar!
no existe el sino,
te regalo el mío…
verás como puede ser tuyo sin añoranza.
No hay dolor más profundo que mirarte,
solitario con tu pena…
nunca diste miedo.
Tus manos si son “tú”,
las armas idóneas para tocar:
el dolor y las sonrisas
las que te sirvan para quedarte con el vínculo o,
tal vez,
sean las que te enseñen a palparte
y notar que existes.
No convivas con las ganas de mañana
sin azul y sin rojo cadmio,
porque te vas muriendo
y sin vida no hay arte…
lo sabes mejor que yo.
Tu desgracia no existe
porque se fue cuando naciste,
murió con tu madre al partir lejos:
se fueron las dos.
Por eso no niegues al amor,
eres todo él y no das miedo.
Te comparo con una manada de perros hambrientos,
un enjambre de abejas zumbonas,
una ráfaga de huracanada brisa,
alamedas en movimiento,
resaca de mar brava…
y me causas ternura
porque te acariciaría y te apaciguarías,
lo sé.
El “abracadabra” es decir si,
es dejar que te amen,
es renunciar de una vez por todas
a esta adicción maldita que tienes
al abandono y a sentirte oscuro…
y,
créeme,
a mí
nunca me podrás dar miedo.













