…Empieza a recordar a alguien que no ha visto nunca…
Tiene las pestañas alargadas, y el pelo marrón (ni castaño, ni castaño claro…sólo marrón), sus manos aunque difusas parecen recortadas y con el pulgar girado hacia atrás (semicírculo de artista…, de eso no cabe duda); la voz no viene a ser del todo femenina pero seguro que sensual (daría un riñón, al fin y al cabo, puedo vivir con otro) y su boca…, es lo que mejor recuerda: roja, encendida y de sabor intenso… a mujer triste, como a ella le gustan…
Silvia está sentada encima de su cama, con el pijama de felpa remangado y sin pantalón; y las rodillas extendidas. Se frota, descompasadamente y con fuerza, los ojos cerrados y apretados - ¡no puede ser!...está ahí – mientras se balancea en un vaivén propio de cualquier tentempié infantil. El pelo anda enmarañado medio recogido con una pinza azul del mercado, el rímel permanece impoluto desde la noche anterior y el dolor de mandíbula no puede disimular que está nerviosa sin remedio… - ¡la recuerdo! sé quién es, cómo es y que me mira… - los ojos parecen salidos de sus órbitas y sigue restregando el maquillaje, ya con lágrimas…
Marco estaba al lado, hacía no más de cinco minutos, intentado vestirse con avidez y respiración arrítmica (siempre se iba así cuando terminaba el sexo, al fin y al cabo, ese era el pacto…), pero con la diferencia de que esta vez a Silvia no le importaba…, habían sido tres y aún no reaccionaba, sabía sólo que quería que se fuera y que las dejara solas. Así fue, cinco minutos con beso en el aire y adiós…
Silvia pensó que no estaba siendo solo sexo (como siempre y siguiendo el contrato), Marco esa tarde estaba dándole más: más intensidad, más pasión, más sabor, más olores… No podía abrir los ojos porque el placer lo impedía (mirar que seguía siendo él acabaría con el morbo), pero en un arrebato inesperado entre la consciencia y la inconsciencia, parpadeo para corroborar gratamente que era otra la que dibujaba el rostro de Marco, la que nunca había visto y ahora recordaba perfectamente…
Sólo se dejo hacer… y cuando Marco dijo que se iba, la tercera salió de un salto del cuerpo masculino de la parte contratante, mientras miraba a Silvia sin dejar de sonreír…
…Silvia no podía parar de frotarse los párpados con toda la fuerza que tenía, era esa extraña chica, desnuda y de pelo marrón, la que había besado su boca.
No podía creer que la recordase tan bien, sólo la había visto una vez y creyó,… que era un sueño…
Tiene las pestañas alargadas, y el pelo marrón (ni castaño, ni castaño claro…sólo marrón), sus manos aunque difusas parecen recortadas y con el pulgar girado hacia atrás (semicírculo de artista…, de eso no cabe duda); la voz no viene a ser del todo femenina pero seguro que sensual (daría un riñón, al fin y al cabo, puedo vivir con otro) y su boca…, es lo que mejor recuerda: roja, encendida y de sabor intenso… a mujer triste, como a ella le gustan…
Silvia está sentada encima de su cama, con el pijama de felpa remangado y sin pantalón; y las rodillas extendidas. Se frota, descompasadamente y con fuerza, los ojos cerrados y apretados - ¡no puede ser!...está ahí – mientras se balancea en un vaivén propio de cualquier tentempié infantil. El pelo anda enmarañado medio recogido con una pinza azul del mercado, el rímel permanece impoluto desde la noche anterior y el dolor de mandíbula no puede disimular que está nerviosa sin remedio… - ¡la recuerdo! sé quién es, cómo es y que me mira… - los ojos parecen salidos de sus órbitas y sigue restregando el maquillaje, ya con lágrimas…
Marco estaba al lado, hacía no más de cinco minutos, intentado vestirse con avidez y respiración arrítmica (siempre se iba así cuando terminaba el sexo, al fin y al cabo, ese era el pacto…), pero con la diferencia de que esta vez a Silvia no le importaba…, habían sido tres y aún no reaccionaba, sabía sólo que quería que se fuera y que las dejara solas. Así fue, cinco minutos con beso en el aire y adiós…
Silvia pensó que no estaba siendo solo sexo (como siempre y siguiendo el contrato), Marco esa tarde estaba dándole más: más intensidad, más pasión, más sabor, más olores… No podía abrir los ojos porque el placer lo impedía (mirar que seguía siendo él acabaría con el morbo), pero en un arrebato inesperado entre la consciencia y la inconsciencia, parpadeo para corroborar gratamente que era otra la que dibujaba el rostro de Marco, la que nunca había visto y ahora recordaba perfectamente…
Sólo se dejo hacer… y cuando Marco dijo que se iba, la tercera salió de un salto del cuerpo masculino de la parte contratante, mientras miraba a Silvia sin dejar de sonreír…
…Silvia no podía parar de frotarse los párpados con toda la fuerza que tenía, era esa extraña chica, desnuda y de pelo marrón, la que había besado su boca.
No podía creer que la recordase tan bien, sólo la había visto una vez y creyó,… que era un sueño…
Dedicado a las fantasías de mis musos, al final acaban siendo mías...







































